PEDRO Y LAS NAVIDADES

Érase una vez un niño llamado Pedro, un niño travieso y listo. Pedro estaba en el último día de colegio para empezar Navidad; ese día recibió la nota del examen de Lengua, de Conocimiento del Medio y de Matemáticas, en todos sacó un nueve y medio. Pedro salió del colegio y cuando llegó a su casa, muy nervioso, sacó todas las figuras del Belén. Por supuesto, fue con su padre a coger un árbol del bosque. Cuando llegó a su casa él, su hermana, su madre y su padre montaron el Belén y adornaron el árbol. Días después llegó Papá Nöel con un nevazo. Pedro y su familia fueron a la Misa del Gallo. Cuando llegó a su casa no vió ningún regalo, pues Papa Nöel deja los regalos dentro del árbol y quería hacerle un juego a Pedro.

Al día siguiente, vieron en un cartel el programa de las fiestas y Pedro lo apuntó en su “libreta fiestera”. Por la noche todos salieron a ver la obra de teatro titulada “EL PERRO LOBO”, después fueron a cenar, fueron a su casa, Pedro vió la televisión y se acostó.

Por la mañana había otro nevazo, y Pedro cogió sus tablas y palos de esquí y lo practicó. Unos días antes de los Reyes Magos vino su abuelo Antonio, dueño de una panadería muy famosa de Cehegín. A Pedro le mola su abuelo, es un hombre con mucho sentido del humor. Mientras su abuelo se tomaba un café jugaron al parchís; al llegar la noche Pedro se duchó. Esa noche ponían “Las Televeces”, un programa que le gustaba a Pedro, a su abuelo y toda su familia, porque sacaban vídeos de personas y niños dándose porrazos, etc. Al acostarse su abuelo le dio las buenas noches.

Once días después, llegó la víspera de Reyes Magos, Pedro les llevó su carta, se colocó en la fila del Rey Baltasar y pasaron todos los niños hasta que le tocó y el Rey le preguntó:

¿ Te has portado bien este año?.

Pedro le dijo moviendo la mano de un lado para el otro:

Pues, así, así.

Eran la siete de la tarde y Pedro jugó al scrable con su abuelo y su hermana.

Ganó su abuelo con siete palabras en vertical y ocho en horizontal.

Cuando Pedro se acostó eran las doce de la noche.

A la mañana siguiente, después de desayunar, Pedro estuvo observando el Belén y temblaba como el motor de un coche. Después de comer, se quedó durmiendo en el sillón hasta las siete, hora en la que ponían en televisión el desfile de los Reyes Magos por Madrid. Cuando dieron las nueve de la noche se acostó.

Por la mañana, Pedro encontró cuatro regalos. Después de misa de doce fueron a un restaurante a celebrar el Día de Reyes, jugó con su hermana con los juguetes que le habían traído los Reyes Magos y colorín colorado este cuento tan largo se ha acabado.

 

Isidro de la Ossa Guirao