
| CREPÚSCULO |
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El Hombre habla con alguien, pero está solo. Mira a la pared. Sale agua. Es un agua muy clara, límpida. Una gota cae desde el techo sobre su frente. Ante si, encogida en el suelo, ve una chaqueta. Se sienta frente a ella y la mira. Hay una Soledad que le acaricia el cogote, le sopla y mima, pero no tiene fuerzas siquiera para verla. El agua continúa aflorando, suave y tranquila. Extendido en el suelo moja su cara, su cabello y su cuerpo entero. Observa las gotas que, pausadamente, caen, una a una, con parsimonia, sobre la prenda, estallando de alegría al contacto con la tela. El Hombre se pone en pie y abre una puerta. Ante si halla otra habitación, es oscura. Camina unos pasos y penetra en ella. No siente nada. No hay nada. Siquiera se puede ver a si mismo. Llora. Se echa en el suelo. Duerme. Es una gran sala, totalmente blanca. Su techo es azul. La Primavera lo mira. Sabe que duerme ¿Duerme? Todo es muy blanco. Ella toca suavemente la cara del Hombre. Acaso lo este besando. Hay unos dibujos en la pared. Parecen Almas. Quizás lo sean. Piensa que no lo son, por que está solo . De pronto, frente a si surge del suelo una Mirada. Es diferente. Se sienta y la observa tranquilamente. Está bien enraizada. Tal vez la sembraron hace tiempo y ahora ha nacido. El Hombre despierta. Frente a él hay una puerta; En ella, una mujer. Sus manos son blancas, níveas. Le invita a cruzar al otro lado. Se levanta y mira. Allí está el Invierno. Decide pasar el umbral. La Mujer de las Manos Blancas lo coge del brazo, con ternura. En ese lugar hace frío, pero es hermoso. El Hombre se siente débil todavía. La Mujer desaparece. Se sienta en un lugar de la Gran Planicie. No hay árboles. El Viento le besa la cara con fuerza. Una sonrisa revolotea en el aire. No es un mundo apropiado para ella. Se pregunta como habrá podido llegar aquí. Le reconforta tenerla cerca. En la distancia descubre un Crepúsculo. Tiene alma. Se dirige hacia él. Necesita una respuesta a sus preguntas. Ha nacido en la eternidad del beso de las aguas. Hacia allí camina, donde el Crepúsculo nace y muere. Pero está lejos, muy lejos. Sin embargo, él lo siente tan cerca… La Primavera se quedó tras el umbral. Le gustaría que estuviese aquí, aunque solo pudiese mirarla un segundo. Era tan hermosa. Por un momento el Viento deja de acompañar al Hombre. Descubre un árbol. Se acurruca a su protección y descanso. Hay unas manos en el suelo, y lo llaman. Son bonitas. Quieren salir de la tierra y tomar el aire y conocer Sonrisas y beber el agua cristalina de la Fuente. Éste las mira y llora. No las puede ayudar. Arrugado, y abrazado a si mismo, intentar salir de nuevo a la inmensidad de la fría llanura. Un grupo de Pasiones deambula en procesión. No tienen rostro, pero su alma se puede contemplar desde el exterior. Es radiante e inmensa. Caminan cabizbajos y tristes, hundidos en busca de su interior. Tal vez se dirijan hacia el Crepúsculo. Podría unirse a ellos… Colocado el último de la fila camina, triste y desgarbado, por la inmensa estepa de la Locura. Con ellos no hay Luz, no hay Dulzura, no está la Sonrisa. De vez en cuando se paran y miran al cielo. En este lugar es oscuro y gris. Cada vez está más débil. Hay una puerta en medio de la llanura. Su luz es deslumbradora y hermosa. Reconoce una figura en el umbral. Abandona la fila y se dirige hacia ella. La silueta le tiende una mano. Es muy bella. La Sonrisa surge de nuevo en el ambiente. Tiene sueño. Sus ojos se van cerrando con el frío del ambiente y la calidez de la Sonrisa. Duerme.
Odín Fresneda |
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