
| EL PAÍS ENCANTADO |
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Érase una vez un país encantado muy bonito donde existía solamente la felicidad. Allí no había pobreza, no había maldad, no había violencia, no había malos tratos; es decir: no existía la maldad ni existía nada malo. Y entre ellos vivía un príncipe, una princesa, el mago de Oz, una bruja muy envidiosa y una princesa maravillosa y aparte de eso había una hadita mágica, que a esa hadita le decían “Campanilla”. Claro, Campanilla era la protectora de la princesita y del príncipe. Eran muy felices, pero siempre había alguien que envidiaba a esas personas, que era la malvada bruja. Ella no se preocupaba demasiado, pues tenía muchos poderes, porque claro, ellos vivían con tanta felicidad que no necesitaban dormir como nosotros. Tenían su país encantado que era precioso, vivían entre las flores y los animales y todos los días salía a saludarlos y siempre brillaba el arco iris con muchas gotitas de estrellas que era lo que a Campanilla la hacía que la alimentara, Entonces un día la bruja quería hacerle daño y no sabía de que manera hacerle daño, dijo: <tengo que conseguirlo de tal manera que no me vea> y la bruja no se daba cuenta de que Campanilla la estaba persiguiendo y lo oía todo. Como era tan chiquitina, casi no se veía. Entonces llegó un día que dijo la bruja: <tengo que hacer que el sol brille mucho, que se queden las plantas y los animales sin una gota de agua> Campanilla la oía y la bruja no se enteraba y decía: <no lo conseguirás, no lo conseguirás, no lo conseguirás> así mismo y entonces todos los días le cantaba lo mismo a la bruja, y la malbada bruja se moría de rabia, se moría de envidia y decía: <lo tengo que conseguir, lo tengo que conseguir> pero no lo conseguía. Hasta que un día la bruja dijo: <bueno, hasta que ellos no salgan al jardín a ver a sus animales y a sus plantas yo lo voy a conseguir a mi manera; con su varita mágica empezó la bruja: <sol, solecito, grita mucho y deja que estas plantas y estos animales se mueran de sed y sin una gota de agua> así lo dijo la bruja; que cuando salío el principe y la princesa, el mago de Oz y Campanilla, era tarde. El arco iris había desaparecido, el cielo se había nublado, tan sólo una pequeña lluvia de sol; malísima. Y entonces de pronto se quedaron los animales y las plantas sin una gota de agua. Pero aquí no acaba la historia, porque claro, como era tan malvada la bruja, pues entonces los cuatro le dieron una lección, le dijeron: <bruja malvada, si no nos devuelves nuestra agua, nuestro arco iris y nuestro jardín encantado te castigaremos> cómo, llevándote a otro lugar, y decía: <a qué lugar> a otro planeta donde no existan animales, donde no existan personas y donde no exista nadie para que no te comuniques con nadie. Allí serás castigada, y la bruja se ponía: <sííííí, noooo yo no quiero que me castiguéis> que no, pues devuélvenos nuestro jardín encantado y no te castigaremos, la bruja dijo: <vale, os lo devolveré> pero la bruja les hacía rabiar diciendo: < no lo devolveré hasta que no me de la gana> y entonces Campanilla dijo: <sí, trato hecho a otro país> <noooooooo, le decía el mago de Oz, a otro país no, a otro planeta, el más lejano donde no haya agua ni comida ni animales ni plantas, allí que se muera de sed, que se muera de envidia> y la bruja decía: <no, sí os lo devolveré ya vuestro país encantado> entonces la bruja les devolvió su país encantado y entonces comprendió la bruja que no podía haber envidia, que no se podía estar sin nadie, que no podía haber maldad. Entonces se hicieron muy buenos amigos y siempre cantaban y bailaban y colorín colorado este cuento se ha terminado. María Mercedes Gómez Sánchez |
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