Rafael Martínez Portero

 

Carta a un amigo
Querido amigo Pepe:

Son ya algunos meses sin tu presencia entre nosotros y se te hecha mucho de menos entre tus vecinos que siempre te hemos apreciado.

Ese rincón donde te sentabas está triste y vacío como el silencio de la noche, sin tu presencia amena.

Cuando salías por las mañanas y tardes a tomar el Sol, amigo que te alumbraba con esa alegría pura y sincera que mandaba el sol, haciendo unas mañanas y tardes de gran agrado con tus risas de amigo inocente y querido, con tus chiscarras y bromas hacías fuerte al más débil, alegre al más triste.

No somos nadie en esta vida, pero has dado un ejemplo de humanidad que vale mucho amigo Pepe, aún recuerdo cuando me contabas que eras camionero y viajabas mucho, lo contabas de tal manera que parecía un sueño que hasta los pájaros se paraban en la baranda para escuchar una parte de tu vida que es muy grande.

Ese rincón está vacío y triste sin tu presencia, el Sol está triste, pero nos alumbra y creo que eres tú, que Dios te ha dejado un hermoso hueco en el cielo donde te da el Sol y el fresco.

Cuando bajo la escalera encuentro la puerta abierta de tu casa y pienso que estás allí, que todo ha sido un sueño que la vida ha vencido a la muerte y que la muerte es un sueño pasajero de descanso eternamente.

Mis palabras son de agradecimiento de haberte conocido tanto a ti como a tu mujer Isabel. Siempre has dado ese ejemplo de persona que se ha perdido en la tierra con tanta maldad, tu eras ese amigo que más he querido y he podido compartir contigo una gran parte de tu vida desde que te viniste a Cehegín a vivir, ojala te hubiera conocido antes pero me quedo con tu sonrisa y tu gran amistad.

Espero amigo Pepe que te acuerdes de nosotros que sé que lo haces y nos alumbres con esa sonrisa tuya que se nos quedó marcada para siempre.

Yo amigo seguiré recordándote como un gran amigo que me enseñó que en esta vida se puede vivir sin maldad.

Hasta siempre amigo Pepe.

 

Volver